RUINAS

No me preguntes más quién soy. No me hace bien indagar. Soy como esas ruinas que se mantienen bien intactas, con el polvo protector encima, con la llaga en la encía sin curar.

Ya te dije, no me preguntés. Vos no sos nadie más que yo para preguntar. ¿Qué querés sacarme? ¿Qué te querés llevar de mí que no te haya dado desde el primer día?

¡Ni me voy a matar ni te voy a matar! ¡Quiero dormir! Tirarme en esa cama incómoda y fría, salir un rato de este mundo. Una o mil horas. Las que sean necesarias. Me importa muy poco si me pierdo la Navidad. ¿Pido mucho?

No me hago bien, ¿entendés? Si me presionás tengo miedo de decir algo estúpido o quedarme sin voz. No, no dije sin vos, dije “sin voz”, con z. Sin poder articular mis palabras que son lo único que me queda, esto, el único bote que me puede salvar.

¡Ya sé que todos nos vamos a morir! ¿Te creés que eso me preocupa? No me importa un carajo. Una vez escuché que hay un tipo de flamencos que no cantan, salvo cuando se están por morir. Es horrible eso. Saber que te vas a morir y que ese instante te posibilite hacer algo que es natural en vos, pero en el momento equivocado. Cuando lo supe me afectó mucho, yo no sé ni cantar, imaginate quizá no sepa morir. No tengo idea del protocolo de la muerte, si hay que caer de costado, si hay que suspirar, si se puede morir con las uñas largas y sucias o sin lavarse el pelo.

No, no te pienso decir quién soy. Me tenés acá adelante en un sillón de espaldas ¿y no me podés leer? Pensé que les pagaban para eso, para ser investigadores de nucas atentos. En cambio me vivís preguntando. ¿Por qué no cambiamos? Hacer preguntas es muy fácil. Dale, vení, sentate, contame algo de vos que no sepa y que sea lo suficiente profundo para generarme un mínimo de interés. Como las hamacas voladoras de los parques de diversiones por ejemplo: ¡No!, en velocidad uno no me servís, necesito por lo menos un tres para empezar a motivarme. Si aumentás a un cinco y estás a punto de desprenderte de las cadenas que retienen las sillas, mejor. Sino te miro la nuca.

Pero fijate esta sonrisa, a mí, no me vas a sacar nada. Soy una ruina, todo está en perfecto equilibrio, pero si creés que llegaste a una conclusión o movés una coma, me parto en mil pedazos, me destruís.

Dejémoslo así:

Vos no me preguntás nada

yo te pago

vos me seguís mirando la nuca

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